Hotel Palacio, antiguo reducto patricio que, en el corazón de la Ciudad Vieja, alberga historia y leyenda, combina estilo y bohemia, y ofrece una desvelada atención al visitante. De auténtica inspiración Art Nouveau, el edificio de principios de siglo es una joya arquitectónica propia de un Montevideo de pujanza y esplendor.

Basta traspasar el umbral de la entrada para apreciar la solemnidad del ascensor de hierro forjado y laboriosa ornamentación que, original y en perfecto estado, cumple todavía su rigurosa función. Sus detalles casi dibujados y tan típicos de la época, lo han convertido, probablemente, en el sello distintivo del hotel. Sin embargo, lo que más aprecian sus visitantes es el trato que reciben. Cálido, personal, genuino. Tanto, que desde 2012 el hotel recibe todos los años el reconocimiento de Trip Advisor por integrar la selecta nómina de establecimientos con mejor relación calidad-precio. Incluso, en 2012, se ubicó entre los 25 hoteles que ostentaban esta condición en toda América Latina.

Desde las habitaciones del hotel podrá conocer el encanto del antiguo casco histórico de la ciudad, con sus mercados, sus calles de adoquines, sus librerías y sus bares infinitos. Con sus galerías de arte, sus museos y artistas callejeros. Con el mar de fondo y un sol que nace a un lado del balcón y muere al otro.

¿Qué más decir cuando el trovador uruguayo Fernando Cabrera, legítimo representante de la canción rioplatense, dedica los versos de Palacio al hotel con “los pasillos más crecidos cada vez”? (*)

Bienvenido al Hotel Palacio. Un rincón de Montevideo al que siempre querrá volver.


(*) Palacio, del disco Bardo (2008), de Fernando Cabrera (Montevideo, 1956)